SOLIDARIDAD: Un valor que vale la pena enseñar a nuestros hijos!
- Tony Guerra
- 20 sept 2017
- 5 Min. de lectura
Después del sismo que sacudió a la Ciudad de México, Puebla, y otras entidades, seguramente ya muchos hemos visto las acciones admirables de los voluntarios en los sitios de más tragedia, y en los centros de distribución de víveres para los damnificados. Eso se llama, SOLIDARIDAD! Pero, ¿Qué es esto llamado solidaridad? y más importante, ¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos este valor tan importante? El término se utiliza en forma habitual para denominar una acción de perfil dadivoso o bienintencionado. De todas maneras, su raíz etimológica hace referencia a un comportamiento in-solidum, es decir, que enlaza los destinos de dos o más personas. Por lo tanto, ser una persona solidaria no se limita al ofrecimiento de ayuda, sino que implica un compromiso con aquel al quien se intenta ayudar. El sentido más básico de la solidaridad supone que se desarrolla sin distinción, límites o condicionamientos de sexo, raza, nacionalidad, religión ni de afiliación política. La única finalidad de la solidaridad puede apuntar al ser humano en estado de necesidad.
Para que este término se haga real es estrictamente necesario que existan tres componentes: la compasión (necesaria para acercarse a la realidad humana y social y empatizar con los dolores y carencias de los otros), el reconocimiento (sólo reconociendo la dignidad humana en los otros la compasión cobra un tinte solidario) y la universalidad (la indefensión y la indigencia son las cualidades que pueden permitir reconocer la condición fundamental de todo ser humano que adquiere universalidad en la vida en sociedad).
Entonces, ¿Cómo podemos promover este gran valor? Siendo solidarios y enseñando a nuestros hijos a serlo. Aquí les comparto 10 maneras de ayudar a nuestros hijos a ser más solidarios:
Nada enseña más que el ejemplo, por lo tanto, seamos todo aquello que queremos para nuestros hijos: que sean respetados; entonces debemos hoy respetarlos a ellos y a las demás personas. Qué estén seguros en el tráfico; entonces no pasemos a la luz roja de día o de noche. Que tengan salud; entonces vamos a alimentamos con calidad en las próximas comidas.
Solidaridad horizontal. Cuando mis hijos eran chicos todos los años separábamos una bolsa de juguetes y ropa para donar. Y lo hacíamos. Pero, ¿cómo sucedió esto? ¿Qué sentimientos y valores tenían los niños en esta acción? La solidaridad vertical es aquella en la que damos algo que NO necesitamos a alguien que necesita. Es una relación de arriba hacia abajo. Por eso se llama vertical. Debemos tener cuidado con ella para no despertar un sentimiento de superioridad en los niños. Por otra parte está la solidaridad horizontal, la cual es muy positiva para la educación de nuestros hijos, porque es a través de ella que les mostramos que todos somos parte de una sociedad, y que si todos los niños estuvieran en una misma línea con sus derechos garantizados, hoy viviríamos en un lugar justo y tranquilo. Así que ayudar de esta manera (solidaridad horizontal) no es sólo dar aquello que no nos sirve, es hacer cumplir los derechos que TODOS tenemos, porque somos ni mayores ni menores que los demás.
Cuidado con lo que está donando. No se puede mezclar la acción de “donar” con la idea de “deshacerse de cosas rotas e inútiles”. Eso no coincide. Donamos, por ejemplo, ropa que ya no nos queda porque está chica, no porque esté agujereada. Donamos el viejo televisor porque compramos uno nuevo, no porque esté descompuesto. ¿Quién tiene el coraje de darle una muñeca o un carrito roto a un niño que tiene poco? ¡Porque yo he visto mucho de eso! Mientras ayudaba a mis hijos a separar los juguetes y las cosas para donar, iba reflexionando con ellos: “¿A ustedes les gustaría recibirlo?”.
Aprender del otro. Somos solidarios, por ejemplo, cuando escuchamos una persona mayor contar sus historias. Damos nuestro tiempo, y la persona revive momentos, en ocasiones especiales, almacenados en la memoria. Y eso es bueno para ambos. Estimular al niño a hablar con los mayores (abuelos, bisabuelos, por ejemplo) hace bien, porque aprende a escuchar, a ser amable, solidario y, sobre todo, aprende que toda persona tiene algo que enseñarnos.
Alcancía para Navidad. Se trata de una idea concreta que fomenta el sentimiento de solidaridad en los niños. Durante el año, podemos hacer una alcancía para que todos en la casa (y, por qué no, los visitantes que se sienten motivados), puedan dar sus contribuciones. El objetivo es muy personal, según cada familia. Tal vez comprar ropa muy bonita para un niño de un orfanato, o participar en algún programa de alguna fundación, cuyo objetivo es ayudar a los necesitados.
Participar en una ONG. Otra idea concreta. Llevar a los niños a participar en cualquier acción colectiva y solidaria. Sea en el club, en la escuela, en la iglesia, en una ONG o un centro social. Actuar y ver a otras personas actuando, trabajando juntas por los demás, es una lección de vida y un noble ejemplo que debe ser experimentado con frecuencia.
Ofrecer ayuda. Recuerde el primer punto, “Nada enseña más que el ejemplo”. Pues bien, ayudar a personas en la vida cotidiana es un ejercicio de ciudadanía. Abra la puerta del coche para que alguien entre; ayude a una persona a recoger algo que se le cayó en el suelo; detenga la puerta de la tienda o del ascensor para facilitar el ingreso de otras personas; ayude a recoger la mesa después de comer y cenar; lleva su basura al bote y no la deje en lugares públicos… Todas estas y otras acciones cotidianas son percibidas por nuestros hijos que van a seguir nuestros ejemplos.
Ser solidario con un amigo en la escuela. Anime a su hijo para ayudar a un colega en la escuela. Es un ejercicio óptimo de solidaridad, lo que les dará la oportunidad de cambiar una situación desagradable real y sentirse orgullosos. ¿Cómo? Hable con él acerca del bullying, y anímele a ser solidario con un objetivo. O también, diga que es una buena idea ayudar a un nuevo alumno en la escuela a conocer e interactuar con los grupos ya existentes. En fin, ¡las ideas abundan!
Ponerse siempre en el lugar del otro. Este es un ejercicio que siempre he hecho con mis hijos y conmigo mismo. Después de todo, nos equivocamos mucho. Peor que errar, es no ver que estaba equivocado, así que vamos a reflexionar. Ayudar al niño a reflexionar sobre su acción es importante desde pequeños, ya que al comienzo de la infancia están demasiado preocupados por sí mismos. ¡Vale la pena esta práctica!
Pequeñas acciones logran grandes cambios. Ocurre con frecuencia que la gente piense que las pequeñas acciones no logran una gran diferencia y entonces prefieren no tomarlas. Es importante que recuerdes que nadie ha salvado al mundo en un día y que los pequeños gestos de muchos se convierten en grandes acciones globales.
Si quieres profundizar un poco más en la manera de ayudar a tus hijos a ser solidarios, no dudes en contactarme...charlemos!





















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